En relación a lo que hablábamos el otro día sobre la educación, su necesidad, y lo trágico de su caída en picado en los valores sociales, este artículo de Jeanette Winterson me pareció elocuente y punzante. Habla de la poesía, pero puede aplicarse a la experiencia – que todos los seres humanos deberían tener – de descubrir nuevos mundos insospechados en la lectura, o en la experiencia, o en las palabras de otras personas: en sitios y cosas que rompen las limitaciones que nos son prescritas por nuestra familia, nuestra religión, nuestra sociedad, o cualquier otra norma o institución que nos encadena decidiendo quiénes somos sin pedirnos nuestra opinión.

