En relación a lo que hablábamos el otro día sobre la educación, su necesidad, y lo trágico de su caída en picado en los valores sociales, este artículo de Jeanette Winterson me pareció elocuente y punzante. Habla de la poesía, pero puede aplicarse a la experiencia – que todos los seres humanos deberían tener – de descubrir nuevos mundos insospechados en la lectura, o en la experiencia, o en las palabras de otras personas: en sitios y cosas que rompen las limitaciones que nos son prescritas por nuestra familia, nuestra religión, nuestra sociedad, o cualquier otra norma o institución que nos encadena decidiendo quiénes somos sin pedirnos nuestra opinión.
Tenía 16 años y mi madre estaba a punto de echarme de casa para siempre, por romper una regla muy importante – aun más importante que los libros prohibidos. La regla no era sólo Nada de Sexo, sino Nada de Sexo con tu Propio Sexo. Estaba asustada y era infeliz. Recuerdo bajar a la biblioteca a buscar las novelas policíacas. Uno de los libros que mi madre había pedido se llamaba Asesinato en la Catedral, de T.S. Eliot. Asumió que sería una historia sangrienta sobre malvados monjes – y le gustaba cualquier cosa que fuera mala para el Papa.
El libro me pareció un poco corto, así que le eché un vistazo y vi que estaba escrito en verso. Claramente no era adecuado… Nunca había oído hablar de T.S. Eliot. Pensé que estaría emparentado con George Eliot. La bibliotecaria me dijo que era un poeta estadounidense que había vivido en Inglaterra la mayor parte de su vida. Murió en 1965, y había ganado el premio Nobel.
Yo no estaba leyendo poesía porque mi objetivo era leerme toda la sección LITERATURA INGLESA EN PROSA A-Z. Pero esto era diferente… Leí: “Esto es un momento / Pero has de saber que otro / Te atravesará con un súbito gozo doloroso.”.
Empecé a llorar. Los lectores levantaron la vista y me miraron con reproche, y la bibliotecaria me riñó, porque en aquellos tiempos ni siquiera se permitía estornudar en una biblioteca, mucho menos llorar. Así que me llevé el libro afuera y lo leí de cabo a rabo, sentada en los escalones en la habitual ventolera del norte. La obra, extraña y hermosa, hizo que las cosas fueran soportables aquel día, y las cosas que hizo soportables eran otra familia fracasada – la primera no fue mi culpa, pero todos los niños adoptados se culpan a sí mismos. El segundo fracaso fue claramente culpa mía.
Estaba confusa sobre el sexo y la sexualidad, y preocupada por los problemas puramente prácticos de dónde vivir, qué comer, y cómo aprobar mis exámenes para la Universidad. No tenía a nadie que me ayudara, pero el libro de T.S. Eliot me ayudó. Así que cuando la gente dice que la poesía es un lujo, o una opción, o para la clase media culta, o que no debería leerse en la escuela porque es irrelevante, o cualquiera de las cosas extrañas y estúpidas que se dicen sobre la poesía y su lugar en nuestras vidas, sospecho que la gente que lo dice lo ha tenido bastante fácil en la vida.


Interesante y bien escrito el artículo, buen ejemplo de autosuperación. Y muy acertado el comentario de que quien no valora la literatura es porque nunca ha tenido que buscar refugio en ella.
Me ha llamado también la atención lo que cuenta de que, cuando su madre le quemó los libros, recurrió a aprendérselos de memoria. Resulta que coincide con este artículo que leí el otro día en El País en el que el autor critica a internet como vehículo educativo y hace una defensa de la educación a la antigua, es decir, aprendiendo de memoria.
Reconozco que soy un vago redomado y que de memoria no me sé nada, aparte de la primera frase del Quijote y los cuatro versos que se sabe todo el mundo de Lorca, además de algún tema de rock, pero mal sabido. Pero me las he aprendido porque las he escuchado miles de veces, no porque me haya puesto a ello conscientemente.
No quiero decir que la memoria no sirve para nada, pero digo que la educación no es eso, o al menos la educación institucionalizada. Una cosa es el criterio propio que uno desarrolla con los años (precozmente en el caso de la autora del artículo), o el consejo que le pueda dar un amigo o un tutor a título personal, y otra cosa es la educación generalista, que digo yo que debe dar al alumno un bagaje cultural lo más amplio posible. Y hoy en día, lo más amplio es internet. ¿Para qué sirve que un alumno se aprenda un libro de pe a pa, por bueno que sea, con la inversión de tiempo que eso supone, si en internet hay otros 300 libros igual de buenos?
Mi concepto de la educación no sé si es moderno o está anticuado, pero es una institución pública sistematizada y burocratizada, cuyo fin es dar al alumno la información necesaria para aprender a pensar y valerse por sí mismo. Por supuesto, estará mediatizada por las opiniones del profesor, y por eso conviene que los haya de todos los colores. Además, el buen profesor es capaz de transmitir todo tipo de conocimientos, incluso los que no coinciden con su ideología, y lo que es más importante, de transmitir esa capacidad al alumno.
De acuerdo, maticemos: internet pone a tu alcance una gran amplitud de conocimiento, y no una gran profundidad. Pero esta amplitud es precisamente lo que se busca en la educación generalista.
Pongamos como ejemplo la asignatura de literatura. A mí en el cole me obligaron a leer El Quijote, pero no el Buscón; Galdós, pero no Clarín; Lorca, pero no Gil de Biedma. Es decir, la selección era bastante arbitraria y creo que esto se debe corregir con una vocación de amplitud. Insisto en que estoy hablando de la educación preuniversitaria.
Pues esa me parece a mí que es la esencia de aprender de memoria: hacer lo que te mandan, salvo que te aprendas lo que a ti te dé la gana, como Ms Winterson.
Sí, no mencioné lo de la memoria en el artículo porque me pareció que era algo muy personal para la autora (y además le quemaban los libros, con lo cual no le quedaba otra). Lo que me llamó la atención fue su descripción de cómo algo que no había en su casa y que sus padres le prohibían poco más o menos que le salvó la vida. No tanto el que se convirtiera un poco en uno de los libros vivientes de Fahrenheit 451.
Como dices, el énfasis en la memorización en detrimento del aprender a pensar por sí mismo es una de las lastras del sistema educativo español (memorizar y regurgitar, lo llamábamos en la universidad).
Otra cosa es que cuando aprendes algo realmente – generalmente, porque te gusta y/o porque lo usas constantemente – acabas sabiéndolo de memoria, aunque sin necesidad de memorizarlo a propósito. Y, por supuesto, si te gusta memorizar pasajes o versos, es estupendo – pero porque te gusta.
Peeeeeero, no estoy de acuerdo en que “lo más amplio” para una educación hoy en día sea Internet. Internet está muy bien para buscar datos y empezar a mirar cosas en plan introductorio y generalmente para enredar y curiosear (que es una parte fundamental de la educación). Y por eso está bien enseñar a usar el ordenador a los críos que no sepan usarlo de casa (que no sé cuántos serán).
Pero no me parece que Wikipedia, por muy útil que sea (que lo es), pueda sustituir a un libro, no.
Es que creo que la idea del *********** Lázaro Carreter y sus acólitos con sus libros de texto era básicamente crear aversión por la literatura en español entre los adolescentes, porque si no no se entiende.
Como dices, lo importante es dar una cultura general – sobre todo, para niños que no encuentran eso en su casa. Y en ese sentido internet y otros medios (como documentales, películas, programas, revistas, cómics, etc.) sí que pueden resultar muy útiles, más allá del tocho académico.
Y darles los medios para encontrar información y pensar por sí mismos. Que es lo que más cuesta desde el punto de vista de la educación actual, cuyo objetivo parecer ser homogeneizar en un nivel bastante bajito.
En este sentido todavía recuerdo con odio a la profesora de primero de EGB que me torturaba haciendo repetir los dibujos que entregaba con color sólo en las líneas. A mí lo que me gustaba era dibujar, no colorear. Y no se molestó en hacerme ver que podía ser interesante jugar con el color, experimentar, etc.
No: lo importante era que había que colorear todo el folio, como todo el mundo, y tenía que aguantarme y hacer lo que se me ordenaba. Y esto con seis añitos.
Hombre, hay cosas que HAY que aprender de memoria, como los días de la semana, el alfabeto, tener un poco de idea de que el descubrimiento de América fue antes que la Revolución Francesa, esas cosas.
La cuestión es lograr que los alumnos memoricen eso sin darse mucha cuenta, porque entiendan de qué se les está hablando (curiosamente, uno recuerda mejor un dato si lo pone en relación con un contexto – o sea, con más datos – que si lo tiene que memorizar aislado y sin contexto).
Lo perverso es el énfasis en memorizar por memorizar porque es lo que hay que hacer. Ahí es sólo un instrumento de poder y opresión – es enseñar a los niños que hay que hacer lo que te decimos, como todo el mundo, y ni se te ocurra salirte de los bordes.