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El 15-M y el pecado original

Discurso,Economía,Marketing,Organizaciones,Psi 29/07/2011 por aa

He estado evitando escribir sobre el 15-M en este blog, pese a que vivo cerca del epicentro del movimiento, por diversos motivos: siendo el principal la irritación que me produce ver cómo lo que eran unos motivos legítimos y fundados para el activismo y la agitación ciudadana han quedado en algo completamente flou e inefectivo. Así que no voy a entrar en análisis políticos ni económicos ni nada así. Pero hay dos características del movimiento que me llaman la atención. El primero es el marco sumamente paternalista en el que se mueve su discurso, del que tal vez hable en otro post. Pero en éste me gustaría reflexionar sobre la otra característica del discurso del 15-M que me resulta llamativa, y que es lo que siendo caritativos se podría denominar su extrema ingenuidad sobre la naturaleza humana.

El otro día aparecieron placas como ésta por Malasaña, en el mismo estilo que las placas conmemorativas que señalan los puntos de interés histórico o cultural en Madrid:

Otras placas que me llamaron la atención decían LOS MERCADOS MANDAN, Y YO NO LOS HE ELEGIDO (¿y qué te crees que haces cuando vas a la compra?) y YA TENEMOS SOL, AHORA QUEREMOS LA LUNA. Y hablando esta mañana con mi padre sobre lo que estos carteles revelan sobre el discurso del 15-M, los dos estábamos de acuerdo en que los del 15-M parecen ignorar (o querer ignorar) el hecho universal de que, en cualquier empresa humana, en algún momento, las cosas va a ir mal. Y van a ir mal porque la gente siempre se tuerce en algún punto.

¿Qué quiero decir con esto? Esencialmente, el hecho de que los seres humanos tenemos un lado oscuro que siempre, siempre, va a salir a flote. Mi padre el Jesuita Ateo me decía que esto es algo que los católicos no tienen dificultad en comprender, porque cuentan con que el Mal existe en el mundo, pero que las personas de ideología supuestamente progresista muchas veces se niegan a aceptar. Y ahí nos metimos en una disquisición sobre Pelagio y San Agustín. (Sí, es que las conversaciones con mi padre suelen ser así.)

Pelagio era un teólogo de época romana tardía que negaba la existencia del Pecado Original: es decir, negaba – contra el dogma de la Iglesia – que los seres humanos nacieran pecadores: elpecado de Adán sólo habría afectado a Adán. San Agustín, en cambio, dedicó buena parte de sus esfuerzos intelectuales a combatir el pelagianismo, reafirmando la idea de que los seres humanos somos unos pecadores natos, que nacemos con la mancha del pecado puesta, nos guste o no (y de ahí la necesidad del bautismo y el que los niños no bautizados no pudieran ir al Paraíso).

Es fácil simpatizar con Pelagio, que parece haber sido bastante buena persona, y ciertamente más humano que el, digamos, complicado personaje que era San Agustín. ¿Cómo se puede pensar que un niño recién nacido tenga ya la culpa de algo meramente por el hecho de nacer? ¿Cómo se puede ver a un bebé como pecador? Pero, cuando se reflexiona un poco más, uno sospecha que hay un fondo de verdad en el pesimismo de San Agustín – que existe algo intrínseco a la naturaleza humana que nos lleva a lo que se puede llamar el pecado, o el mal, o que las cosas se tuerzan.

Los participantes en el 15-M, como los participantes en tantos movimientos y revoluciones e intentos por mejorar la sociedad y cambiar el mundo, parten de una idea de la naturaleza humana semejante a la de Rousseau: el hombre es bueno, es la sociedad la que lo pervierte (lo cual plantea la pregunta obvia de de dónde demonios sale la sociedad). Es una visión de la humanidad como perfectible: si tan sólo lográsemos llegar al poder (o hacernos con los medios de producción, o llegar a una conjunción de circunstancias X), todo el mundo sería bueno y feliz, y no habría hambre ni miseria ni dolor ni necesidad ni guerras en el mundo, y habríamos llegado a la sociedad perfecta. Y me parece alucinante que a estas alturas del cuento alguien siga creyendo en esto (o que la perfección y la estasis sociales son alcanzables), pero es lo que se manifiesta en el discurso del 15-M una y otra vez. LLEGÓ EL DOMINGO Y SE QUEDÓ PARA SIEMPRE. El domingo de la vida, el fin de la historia: algo así como Fukuyama, pero en versión progre.

Un pensador que paradójicamente se puede alinear con San Agustín en esto es Freud. Freud irritó profundamente a sus discípulos, la primera generación de psicoanalistas, por su insistencia en la realidad de la pulsión de muerte y en el hecho de que, por mucho que aumente el conocimiento y la educación, siempre va a haber guerras y pasiones desatadas y agresión y neurosis. Porque Freud era consciente de que existe un lado oscuro de la naturaleza humana que siempre va a aparecer en algún momento, incluso en sociedades con un grado aparentemente alto de civilización (él mismo lo presenció con el auge del nazismo). Esto no quiere decir que el progreso social no sea posible y deseable, ni que la razón no exista – todo lo contrario (el propio Freud atacó muy duramente a quienes tomaron la idea del inconsciente como una excusa para hacer apología de lo irracional). Pero es importante tener respeto por ese lado oscuro, dejar un margen de maniobra para, cuando aflore (y aflorará), poder contrarrestarlo.

Cuando tenía catorce años, tuve una especie de mini-obsesión con la Revolución Francesa en el año de su bicentenario: me resultaba horriblemente fascinante estudiar cómo algo que había empezado tan bien, por unos motivos tan lógicos y fundados, con unas intenciones tan buenas, acabara de un modo tan espantoso, en las masacres del Terror. Y creo que ahí me di cuenta de que las buenas intenciones no bastan (Robespierre tenía las mejores intenciones para el bien de Francia: tan buenas que estaba dispuesto a eliminar a quien fuera con tal de realizarlas). Hay que ser conscientes de que el odio y la envidia y la codicia y el ansia de poder, conscientes e inconscientes, existen y van a seguir existiendo en cualquier situación humana, y contar con ello a la hora de pensar qué hacer. Y creo que esto es algo que está singularmente ausente del discurso del 15-M.

La historia no se acaba, nunca. Los seres humanos no se convierten en ángeles. Y en vez de pedir la Luna, mejor sería pedir cosas concretas y aburridas como transparencia fiscal, listas abiertas y voto por circunscripción, y menos burocracia.

Y por Dios, que los domingos son un pestiño.

5 comentarios to “El 15-M y el pecado original”

  1. Pues sí, las consignas tipo “Esta noche va a salir el SOL” (con rayitos saliendo de la O) son abochornantes. De hecho, sé de buena tinta que las inventa todas un tipo con barbita y ojillos alucinados, que también hace la publicidad de la Jornada Mundial de la Juventud. Pero para ser justos, no tiene la exclusiva en los cánticos. También he visto cosas más prosaicas como “Menos crucifijos y más trabajo fijo” y cosas de estilo Gila tal que “-¿Cómo está la cosa en España? -No nos podemos quejar. -Ah, entonces no está tan mal, ¿no? -No, que no nos podemos quejar.”

    Digo yo que a ver si va a ser que las tontunas estas sesentayochistas, que a lo mejor ya en el 68 eran paridas, son una especie de antídoto contra la mala leche que está latente y que con toda probabilidad aflorará en forma de violencia. Es como si te encuentras en el ascensor con el vecino al que has denunciado porque no te deja dormir, y te pones a hablar del tiempo para no darle una hostia. Desde el principio, los manifestantes del 15M han tomado el pacifismo como bandera, estrategia que les ha ganado el apoyo de gentes a las que, como a mí, nos espantan las masas y sobre todo la violencia (qué le vamos a hacer, nunca seremos héroes revolucionarios). Pero no seamos ingénuos, la insistencia en los medios pacíficos, tan razonable, delata una urgencia que puede llevar a la violencia, especialmente en momentos como anoche, en que la policía “se emplea a fondo”, como dice la prensa cuando reparte hostias.

    Entre los planteamientos del 15M hay reivindicaciones “perroflauta” y otras que no lo son. Todos sabemos cuáles son estas últimas: transparencia en la gestión pública, limitación de los privilegios de los políticos y altos funcionarios, democratización de los poderes estatales. Es decir, continuar lo que se emprendió en la Transición y que nunca se llegó a culminar, por las necesidades de equilibrio político del momento. A mi juicio, son precisamente las clases dirigentes españolas las pretenden haber alcanzado el fin de la historia, con su negativa a ceder en estos privilegios, a modificar el funcionamiento de las instituciones del estado (altos tribunales, sistema electoral) para que sea más justo. Ni siquiera se ha enmendado la Constitución para admitir el acceso al trono de la hija mayor del monarca porque… ¿por qué?

    En fin, que creo que un sistema político creado hace 35 años en unas circunstancias muy particulares, podía mantenerse mientras ofrecía a la mayoría de la población expectativas de mejora en sus condiciones de vida. Si ya no es capaz de garantizarlo, la gente empieza a hablar de la luna y las estrellas y acaba a mamporros.

  2. Si es que por eso digo que me da mucha rabia el asunto: porque, efectivamente, hay reivindicaciones legítimas y fundadas y que ya es hora de sacar a la luz, y al final todo se está quedando en la perroflautez (que a los medios les encanta).
    Una de las cosas que más me llama la atención de este país es el pavor que parece haber a las posturas firmes, a plantarse políticamente – tanto por parte de los ciudadanos como por parte de los gobiernos en cuestión. Supongo que tiene que ver con que todos sabemos qué pasó la última vez que se calentaron los ánimos políticos en España. Por eso la Transición consistió en tragar con un montón de cosas, y por eso creo que ETA ha tenido el largo recorrido que ha tenido, por ejemplo.

  3. Un amigo que está hecho todo un Indignado últimamente me comentó algo que me pareción bastante razonable: ¿Por qué a nosotros nos exigen que concretemos nuestras propuestas si los partidos políticos no lo hacen?
    Por supuesto que esto plantea una cuestión muy controvertida pero inevitable en este momento: ¿Hasta qué punto es lícito socavar a través de la protesta callejera el sistema establecido? La negativa a entrar en el juego de los partidos políticos por un lado resta legitimidad democrática al movimiento pero por otro le aporta credibilidad, simplemente por el hecho de mantenerse al margen. Y creo que es precisamente el carácter pacífico de la protesta lo que hace que la balanza se incline a ojos de mucha gente por el lado de la credibilidad.

  4. Desde luego: eso es completamente razonable.

    El problema aquí es que el sistema político falla, porque se han estado cargando de modo bastante sistemático todos los controles que podrían evitar el desmadre y la corrupción internos (p. ej. desdibujar la separación de poderes – ¿qué coño es eso de que los partidos elijan al Tribunal Supremo y al Constitucional?) . Es cierto que el carácter pacífico de las protestas es lo que ha hecho posible que se mantengan en el tiempo – pero creo que también es lo que las hace inofensivas e inefectivas.

    No estoy abogando por protestas violentas, conste. Pero creo que hay que pegarle una sacudida al sistema político, pronto. Sólo espero que los políticos se hayan dado cuenta de que el chiringuito, tal como ha estado montado hasta ahora, ya no da más de sí.

  5. Y de todos modos, creo que cuanto más se concreten las reivindicaciones, mejor. Ir en plan “estamos descontentos, pero no sabemos por qué” no resulta muy efectivo. Elegir unas cuantas reivindicaciones importantes y machacar con ellas sería lo ideal.

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